Move and Let Go/ Mudarse y Dejar Ir

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In one room of my house there are three piles of assorted objects: things to take, things to sell and things to give away. I go through closets and shelves sorting my belongings according to the use of the last year. Letting go of that lesson plan I rocked several years ago may seem obvious, but it holds memories of the students and the school that won’t come back. I reluctantly throw it in the garbage. In seven weeks, a crew of workers will remove all our belongings from the house to ship them across the country to my new home. Although it has become an established routine to relocate at an average of once every six years, moving is disruptive enough to threaten my psyche.

I am apprehensive because this upcoming move implies radical changes, from semi rural to densely populate urban, from ultra conservative to a liberal environment, from a couple with children to empty nesters. Past experiences tell me that I have successfully adjusted to radical changes before, when I went from tropical to northern climate, or from a liberal to an ultra conservative environment.

A more profound shift worries me. The chaos of the few months before and after a move makes my mind spin as I struggle to stay grounded. I hold my breath as the safety of an established routine disappears under my feet. Structure holds me together, but it’s the first thing to crumble when a house fills with cardboard boxes. When structure breaks, my emotions spill out and the stress starts to show: easy tears, lost objects, skipped meals. I take my medication before bedtime, and reassure myself that soon things will go back to normal.

The most painful thing is to let go of the people and places I’ve come to love. I learned that some people stay with us for a lifetime while others participate in just a brief common event. The few friends that hold in the distance are the pieces of my heart scattered around in the places I’ve lived. Together with the trees in every garden I’ve planted, they remind me that I left something meaningful behind, the moments we shared, the tears we saved, or a habitat for birds. Then I remind myself that the first move was the most painful, when we left our homeland, families, and childhood memories behind.

Moving is thrilling and stressful, but I start to pack and label the boxes looking forward to the new changes, focusing on the adjusting. I keep stress under control by understanding its brevity and comparing it to past experiences. The most painful thing is to let go of friends, but I am already planning my next garden, the flowers I will plant to surprise my neighbors and make new friends.

English version follows

Spanish version follows

En una habitación de mi casa hay tres montones de objetos varios: cosas para llevar, cosas para vender, y cosas para regalar. Paso por mis closets y estantes clasificando mis pertenencias de acuerdo al uso del año anterior. Dejar esa planificación tan buena de hace varios años parece obvio, pero tiene consigo los recuerdos de los estudiantes y la escuela que no volverán. Con desgano lo boto en la basura. En siete semanas, una cuadrilla de trabajadores se llevaran todas nuestras cosas de la casa para enviarla al otro lado del país a nuestra nueva casa. Aunque mudarnos a un promedio de una vez cada seis años se ha convertido en una rutina establecida, mudarse es lo suficientemente perturbador como para amenazar mi mente.

Estoy aprehensiva porque está mudanza inminente implica cambios radicales, de un ambiente semi-rural a uno urbano densamente poblado; de una sociedad ultra conservador a una liberal, de ser una pareja con hijos a vivir los dos solos. Las experiencias pasadas me dicen que me he ajustado exitosamente a cambios radicales previos, cuando fui de un clima tropical a clima nórdico, o cuando fui de una sociedad liberal a una ultra conservadora.

Me preocupa una tecla más profunda. El caos de los pocos meses antes y después de una mudanza hace que mi mente gire rápidamente mientras hago esfuerzos por mantenerme ecuánime. Respiro profundo al mismo tiempo que la seguridad de una rutina establecida desaparece bajo mis pies. La estructura me mantiene entera, pero es lo primero que se derrumba cuando una casa se llena de cajas de cartón. Cuando la estructura se rompe, mis emociones se derraman, y es estrés se hace evidente: lloro fácilmente, se me pierden las cosas, se me olvida comer. Me tomo mi medicina antes de dormir, y me aseguro a mi misma que pronto las cosas volverán a la normalidad.

Lo más doloroso es dejar ir a la gente y los lugares que hemos logrado amar. He aprendido que algunas personas se quedan con uno para toda la vida, mientras otros participan en sólo unos breves eventos comunes. Los pocos amigos que se mantienen en la distancia son los pedacitos de mi alma que he dejado regado en los lugares donde he vivido. Junto con los árboles en los jardines que he plantado, ellos me recuerdan que he dejado atrás algo significativo, los momentos compartidos, las lágrimas no derramadas, el hábitat para los pájaros. Entonces me recuerdo a mi misma que la primera mudanza fue la más difícil, cuando dejamos nuestra patria, nuestras familias, y los recuerdos de la infancia.

Mudarse es a la vez emocionante y estresante, pero comienzo a empacar y a marcar las cajas con miras a los nuevos cambios, enfocándome en el ajuste. Mantengo el estrés bajo control entendiendo su brevedad y comparando con experiencias pasadas. Lo más doloroso es dejar a los amigos, pero ya estoy planeando mi nuevo jardín, las flores que sembraré para sorprender a mis vecinos y hacer nuevos amigos.

Hispanics and Mental Health / Hispanos y Salud Mental

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Last Saturday, I volunteered as a Medical Interpreter for OSU Hispanic Health Fair in Tulsa, OK. The fair’s objective was to provide screening and basic medical services to the Hispanic community of East Tulsa. The volunteer coordinator provided me with a portable computer and instructed me to conduct a survey, which was designed to assess the mental health needs of the community. I found a little corner where I could interview the subjects in privacy. I addressed each person in Spanish and explained that I was just taking a survey, that I wasn’t a health care provider. I soon wished we had a directory of mental health providers who were fluent in Spanish.

I noticed how easy it was for the surveyees to open up, and share their problems and issues with a complete stranger they just met. I took their answers and tried to move to the next question quickly, but there was always somebody who wanted to share a little bit more. I wonder if their openness was due to the fact that I addressed them in Spanish and the survey was in Spanish.

I thought about the years of talk therapy I have gone through. How lucky I am to be able to communicate my emotions and the strange things in my mind in English! I never needed as much as a medical interpreter to communicate with my psychiatrist.

I worry about Hispanics in general, though, whose mental health needs go underserved, because of the lack of qualified bilingual professionals in the field. With Hispanics becoming the first US minority group by the year 2020, there is an increasing need of bilingual psychiatrists, therapists, counselors, and qualified medical interpreters who can serve this important segment of our population. College students, take note.

English version follows

English version follows

El pasado sábado, trabajé de voluntaria como Intérprete Médico para la Feria Hispana de la Salud organizada por la universidad OSU en Tulsa, OK. Esta feria tenía como objetivo proveer chequeos médicos y servicios básicos de salud a la comunidad hispana del este de Tulsa. La coordinadora de voluntarios me entregó una computadora portátil y me dio instrucciones para conducir una encuesta, la cual estaba diseñada para evaluar las necesidades de salud mental de la comunidad. Conseguí un rinconcito donde entrevistar a los sujetos en privado. Me dirigí a cada persona en español y le expliqué que sólo haría una encuesta, que yo no soy una profesional de salud. Pronto deseé tener un directorio de profesionales de salud mental que hablaran español.

Observé la facilidad con la que los encuestados se abrían y compartían sus problemas y asuntos con una completa extraña a la que acababan de conocer. Tomé sus respuestas y trataba de pasar rápidamente a la próxima pregunta, pero siempre había alguien que quería compartir un poquito más. Me pregunté si su apertura tenía que ver con el hecho que yo les hablaba en español y que la encuesta era en español.

Pensé en los años de terapia por los cuales he pasado. ¡Qué afortunada soy que puedo comunicar mis emociones y las cosas extrañas en mi mente en inglés! Nunca he necesitado un intérprete médico para hablar con mi psiquiatra.

Sin embargo, me preocupan los hispanos en general, cuya necesidades en el área de salud mental no son satisfechas porque no hay profesionales bilingües calificados en ese campo. Con los hispanos convirtiéndose en la primera minoría de Estados Unidos para el año 2020, hay un necesidad creciente de psiquiatras, terapéutas, y consejeros bilingües, e intérpretes médicos certificados para servir a este segmento importante de nuestra población. Estudiantes universitarios, tomen notan.

Side Effects and Exercise / Efectos Secundarios y Ejercicio

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I walked into Fit for Her Owasso with my lack of confidence and insecurities tied up in a knot like shoelaces inside my stomach. I didn’t want a commitment; so I took the no-contract package at this little cute gym just a stone’s throw away from where I live. What I needed, above all, was a non-judgmental place where I could feel welcomed and at ease.

I was between jobs and had recently gone through a series of losses. My dear friend had died and I felt devastated. Additionally, the flash drive containing the book I was writing disappeared from my computer at work, and the backup drive at home broke. I was battling mood swings, and the effects of the medication I take to control them.

I didn’t feel good about myself, but I had to exercise to counteract the effects of meds. The drugs I take for my condition make my muscles cramp; make me gain weight and feel nauseated, among many other side effects. I didn’t join to lose weight. I joined the gym as a way of coping with suicidal depression, and co-habit with the delusions in my mind.

I started working out alone, but soon joined the Zumba® classes. The loud music and high impact environment over stimulated me and I felt a little too excited at times. I screamed in those classes, and danced off tempo to the amusement of my peers and instructors. Sometimes, when the music was in Spanish I felt overwhelmed by emotions and cried while jumping and dancing to the upbeat rhythms. I feared I was going to be kicked out! I tried other classes: Pilates-yoga, high impact, low impact, lightweights, and repetitive intervals. Now I can’t decide which group I like the most.

As a result of my recently acquired discipline, I have lost weight, increased flexibility, and toned some muscles; I also sleep better and experience less muscle cramps. Best of all, I feel part of a community with a strong sense of sisterhood. The atmosphere is non-competitive, and to this day I have never heard gossiping or ill comments about anybody.

I am so grateful that this gym has a non-toxic, jovial, and friendly atmosphere. By accepting my oddities, they have reassured me that being a little strange is not a big deal. Their understanding and support lifts my spirit on gloomy days, or calms me down when psychosis or depression were taking the best of me. Toned muscles and a few pounds less is a side effect I am willing to take any day.

English version follows

Spanish version follows

Entré a Fit for Her Owasso con la inseguridad atada en el estómago como los cordones de un zapato. No quería compromisos, de manera que tomé un paquete sin contrato en este gimnasio pequeño y lindo cerquita de donde vivo. Sobre todo necesitaba un lugar donde me pudiera sentir bienvenida, a mi gusto, y no cuestionada.

Me encontraba entre empleos, y recién había pasado por una serie de pérdidas. Mi gran amiga había fallecido y me sentía destrozada. Además mi archivo digital con el libro que estaba escribiendo desapareció de la computadora de mi trabajo, y el repuesto que tenía en casa se dañó. Estaba combatiendo vaivenes del estado de ánimo, y los efectos secundarios de los medicamentos que tomo para controlarlos.

No me sentía bien conmigo misma, pero tenía que hacer ejercicio para contrarrestar los efectos de las medicinas. Las drogas que tomo para mi condición me dan calambres, me hacen ganar peso, y sentir nauseas, entre otros efectos. No me inscribí en el gimnasio para perder peso. Me inscribí como una manera de enfrentar la depresión suicida, y cohabitar con las delirios en mi mente.

Comencé haciendo ejercicio sola, pero pronto me acerqué a las clases de Zumba®. La música estridente y el ambiente de alto impacto me sobre estimularon y a veces me sentí demasiado emocionada. Gritaba en esas clases, y bailaba fuera de tiempo para el deleite de mis compañeras e instructoras. Algunas veces cuando la música era en español, me sobrecogían las emociones y lloraba mientras brincaba o bailaba al compas de los ritmos alegres. ¡Me dio miedo que me botaran! Intenté otras clases: Pilates, yoga, alto o bajo impacto, pesas livianas, intervalos. Ahora no puedo decidir cuál grupo me gusta más.

Como resultado de mi recién adquirida disciplina, he perdido peso, he ganado flexibilidad y tonificación muscular; también duermo mejor y no sufro de tantos calambres. Lo mejor de todo, es que me siento parte de una comunidad con un fuerte sentido de hermandad femenina. La atmósfera no es competitiva, y hasta el sol de hoy no he escuchado chismes ni comentarios nocivos sobre nadie.

Estoy tan agradecida a este gimnasio por ambiente no-tóxico, jovial y amigable. Al aceptar mis rarezas, me han asegurado que ser un poquito extraño no es un problema grande. Su comprensión y apoyo levanta mi ánimo en los días oscuros, y me calma cuando la psicosis o la depresión se llevan lo mejor de mi. Estoy dispuesta a tomar mis músculos tonificados y unas cuantas libras menos como efectos secundarios cualquier día.

#WhereILivedWednesday – This House

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A few months ago, the company where my husband works transferred him to another state. While we welcomed the opportunity to live new experiences, we were concerned about how the move would affect our son’s senior year in high school. We decided to split temporarily and reunite at the end of the school year. My husband left and I stayed behind with my son. The decision has presented plenty of challenges for us as a family living with mental illness.

First, I must quickly learn to live alone again. Living with a teenager who plays in a high school band, has a part time job and four AP classes, and is writing college application papers does not necessarily mean spending a lot of mother-son time together. It is so easy to feel lonely in a large house.

A spacious house is convenient when you have small children with their toys lying around everywhere, or entering and exiting with their little feet soaked in mud. It also provides plenty of space to close a door behind you, to put some distance between the sweet, yet annoying, little bugger, and your sanity. Plenty of beautiful memories are stored with specific rooms attached to them. Once the children are gone, though, or become busy teenagers, as is our case, the house grows impossibly large for the adults who stay behind.

Then, there is the added difficulty that everything is on my shoulders now: small repairs, groceries, and cleaning. These were part of an organized and shared routine; now it’s all my responsibility. I kept my job, writing, dealing with the up and downs of my mental condition, and doubled my parenting responsibilities and house chores. To my to do list, I added job searching and house hunting in the city to where I’ll move. With all, there wasn’t any time for cleaning the garden during the fall. The house kept getting bigger.

Finally, I must regain my footage and learn to control my symptoms without any support. Since I am alone most of the time, the night time chore of checking the front door and turning on the porch light has multiplied into a series of little rituals to reassure myself that everything is fine, and that I don’t have anything to fear. Checking the front door became checking every door, closets and cabinets included, plus turning off every light and setting the alarm. Additionally, I have developed a list of logical explanations for noises. Cracking noises are due to hardwood floors contracting with the drop in temperature, for instance. This large house with all its doors, cabinetry, hardwood floors and lights is beginning to be too much.

This last week my son was away with the school in a band activity. That’s plenty of time for a four bedroom suburban house to grow into a gothic mansion in an open field inside my mind.

One thing I know for sure now, my next home will have just enough square footage to fit two. Even if one is away, it will still be a small dwelling, with just a few doors to check at nights, but with enough room for a desk where I can sit and write all those dark stories that have flourished in my mind since living (almost) alone.

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Spanish version follows

Hace unos cuantos meses, mi esposo fue transferido a otro estado por la compañía donde trabaja. A pesar de que agradecemos la oportunidad de vivir nuevas experiencias, nos preocupamos porque la mudanza podría afectar el último año de escuela de nuestro hijo. Por lo tanto decidimos separarnos temporalmente y reunirnos al final del año escolar. Mi esposo se fue y yo me quedé con mi hijo. La decisión se ha traducido en unos cuantos retos para nosotros como familia afligida por una enfermedad mental.

Primero debo aprender rápidamente a vivir sola otra vez. Vivir con un adolescente que toca en una banda de escuela secundaria, que trabaja medio tiempo y asiste a cuatro clases pre-universitarias, y está en el proceso de solicitar cupo en universidades no quiere decir que pasamos mucho tiempo juntos como madre e hijo. Es muy fácil sentirse sola en una casa grande.

Una casa espaciosa es conveniente cuando se tienen niños pequeños que dejan sus juguetes regados por todas partes, o salen y entran con sus piececitos empantanados. También ofrece bastante espacio para cerrar una puerta, para poner distancia entre la sanidad de uno y el mocosito dulce pero fastidioso. Los recuerdos hermosos quedan grabados junto a la imagen de la habitación correspondiente. Sin embargo, una vez que los niños crecen y se van, o se convierten en adolescentes ocupados, como es el caso nuestro, el espacio se hace imposiblemente grande para los adultos que se quedan atrás.

A eso añadimos la dificultad que todo está sobre mis hombros ahora: las reparaciones menores, las compras de víveres, y la limpieza. Lo que era parte de una rutina bien organizada y compartida, ahora es mi entera responsabilidad. Mantuve mi trabajo, la escritura, y el ir y venir de mi condición mental y dupliqué mi responsabilidades de madre y las labores del hogar. A la lista de cosas por hacer le añadí la búsqueda de empleo y de casa en la ciudad a la que me voy a mudar. Con todo, no hubo suficiente tiempo para limpiar el jardín en el otoño. La casa siguió creciendo.

Finalmente, debo retomar control de mis síntomas sin ayuda de nadie. Desde que estoy sola, la rutina nocturna de chequear la puerta principal y encender la luz del porche se multiplicó en una serie de rituales para asegurarme a mi misma que todo está bien, y que no tengo nada que temer. Chequear la puerta principal se convirtió en chequear todas las puertas, incluyendo las de los closets y los gabinetes, además de apagar todas las luces, y prender la alarma. Más aún, he desarrollado una lista de explicaciones lógicas para ruidos. Los sonidos quebradizos se deben a que los pisos de madera se contraen con la caída de la temperatura, por ejemplo. Esta casa está comenzando a ser demasiado grande con todas sus puertas, gabinetes, pisos de madera y todas sus luces.

La semana pasada mi hijo estuvo afuera en una actividad de la banda. Una semana es tiempo suficiente para que una casa suburbana de cuatro habitaciones se convierta dentro de mi mente en una mansión gótica en un campo abierto.

De una cosa estoy segura ahora, mi próxima casa tendrá el metraje necesario para acomodar a dos personas. Aún cuando uno de los dos esté ausente, la vivienda seguirá siendo pequeña, con sólo unas pocas puertas que cerrar por las noches, pero con suficiente espacio para un escritorio donde sentarme a escribir todas esas historias oscuras que han florecido en mi mente desde que vivo (casi) sola.

Efectos Secundarios y Sexo / Side Effects and Sex

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Los efectos secundarios de los antidepresivos en la conducta sexual del paciente pueden convertir a una persona adulta y sexualmente activa en un individuo apático interesado sólo en abrazos y besos, pero no en el acto sexual. Esto puede llevar a serios problemas conyugales pues la persona mentalmente sana lucha por aceptar la falta de interés sexual de su pareja. Las personas afectadas por este problema usualmente buscan otro medicamento para contrarrestar los efectos de los antidepresivos. El tratamiento basado en medicamentos controla sólo los síntomas de la enfermedad, pero no guía al paciente a una recuperación exitosa.

En terapia, el paciente es capaz de explorar la razones detrás de sus temores, sensación de fatalidad, y obsesiones. Una buena terapia también orienta al paciente a reconocer sus síntomas, a tolerar los aspectos menos perturbadores de la enfermedad, y a desarrollar habilidades para vivir con esos síntomas. El paciente todavía necesita medicamentos, pero en menos cantidades y con menos efectos secundarios.

Una persona que necesita antidepresivos para controlar sus obsesiones, por ejemplo, puede comprender las razones de esas obsesiones, y usar ese conocimiento para desarrollar una destreza o una especialización en la que utilice la atención al detalle. Por ejemplo, al reorientar mis obsesiones eliminando mala hierba en mi jardín, he minimizado la necesidad de tomar altas dosis de antidepresivos. Como consecuencia, disfruto tanto de una vida sexual sana como de un jardín hermoso.

Fue sólo a través de largas horas de terapia y conversación como comprendí que mi obsesión nace de una necesidad de tener control sobre algo. Mientras gané ese conocimiento, tuve que soportar los efectos secundarios de las medicinas y lentamente construir las habilidades para vivir con mis síntomas (conducta repetitiva e impulsiva). La terapia efectiva toma tiempo y paciencia, y tanto el proveedor como el paciente deben entender que la recuperación se extiende más allá del control de síntomas y necesita más que una dosis alta de medicina.

English version follows

English version follows

The side effects of antidepressants on sexual behavior of the patient can turn an adult, sexually active person into an apathetic individual interested only in cuddling and kissing, but not in actual sexual intercourse. This can lead to serious conjugal problems as the mentally healthy spouse struggles to come to terms with his/her partner lack of interest in sex. People afflicted by this problem usually seek another chemical to counter act the effects of the antidepressants. Chemically based treatment controls only the symptoms of the disease, but doesn’t lead the patient to successful recovery.

In therapy, the patient is able to explore the underlying reasons for her fears, sense of doom, and obsessions. Good therapy also guides the patient to recognize her symptoms, tolerate less disruptive aspects of her disease, and develop coping skills to live with those symptoms. The patient will need medication, but in much less quantities, with much less side effects.

A person who needs antidepressants to control obsessions, may, for instance, learn to understand the underlying reason for her obsession, and use her insight to develop a craft or a trade that utilizes attention to detail. For instance, by refocusing my obsession to eliminate the weeds in my garden, I have minimized the need to take a high dose of antidepressant. As a consequence, I enjoy both a healthy sex life and a beautiful garden.

It was through long hours of therapy and conversation that I understood my obsession was born out of a need to have control over something. While I gained that insight, I put up with the side effects and slowly built the copings skills to live with the symptom (repetitive, compulsive behavior.) Effective therapy takes time and patience, and both provider and consumer should understand that recovery extends far beyond the control of symptoms and needs more than a high dose of medication.

Mental Health and Substance Abuse Service / Servicios de Salud Mental y Abuso de Drogas

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Spanish Version follows

Once again the Oklahoma legislature is out to get the mentally ill of our good o’ state. This time Mental Health and Substance Abuse services are at risk of being cut due to insufficient funding. Hard as I try, I can’t figure out a reason why educated, well-intentioned politicians might want to cut funding for a segment of our population. Perhaps what lies behind such a detrimental idea is ignorance of how investing in Mental Health and Substance Abuse treatment benefits our community at large. My personal case is an example of all the good that spills out to the community when the mentally ill receive quality treatment.

After 16 years of living with mental illness, I can happily say my life is better because of treatment. Although I will always live with the symptoms of mental illness and the effects of the strong medication I take to control those symptoms, I live a drama free, healthy life. Consequently, my children have grown in a peaceful home, and have learned to cope with stress and the difficulties of life in a healthy way. Never has the police come into my house to mediate a domestic dispute or restrained me in anyway. I do not use public services designed to control mentally ill. Effective treatment actually translates in less public spending.

Because of effective treatment and sustained recovery, I am able to hold a job I love. My part time job gives me direction and purpose. Additionally, the small income I earn feels good, doesn’t have detrimental side effects. My modest income also helps the local economy since I spend my money wisely and even save some. I experience feelings of wellbeing and need less medication. Thus, I am not a financial burden to my family or society.

Through my job, I am in a position to assist others in need. I do not only teach my students to develop college level writing skills, I also help find a shelter for the homeless student, or treatment for the one who might show signs of addiction. Also, my small income allows me to make small donations to a school so that students in need can attend a special events or trips they could not afford otherwise. Their grades soar.

My personal example shows that investing in Mental Health and Substance Abuse treatment benefits the community at large. As an individual who receives quality mental health treatment, I live a healthier life, need less medication, and do not occupy the expensive services of law enforcement agencies. The resulting sustained recovery allows me to work and benefit the community at large.

English version follows

Spanish version follows

Una vez más la Legislatura de Oklahoma sale a perjudicar a los enfermos mentales del estado. Esta vez los servicios de Salud Mental y Abuso de Drogas están en peligro de ser eliminados debido a recortes presupuestarios. Por más que lo intento, no me puedo imaginar por qué políticos educados y bien intencionados quisieran recortar los fondos para un segmento de nuestra población. Quizá lo que está detrás de esta idea tan perjudicial es ignorancia de cómo la inversión en el tratamiento de Salud Mental y Abuso de Drogas beneficia a nuestra comunidad en general. Mi caso personal es un ejemplo de todo el bienestar que se extiende a la comunidad cuando el enfermo mental recibe tratamiento de calidad.

Después de 16 años viviendo con una enfermedad mental puedo decir felizmente que mi vida ha mejorado con el tratamiento. A pesar de que siempre viviré con los síntomas mentales y con los efectos de las medicinas fuertes que tomo para controlar esos síntomas, vivo una vida saludable y libre de drama. En consecuencia, mis hijos han crecido en un ambiente de paz, y han aprendido a lidiar con el estrés y las dificultades de la vida de manera saludable. La policía nunca ha tenido que venir a mi casa a mediar disputas domésticas o inmovilizarme de ninguna manera. No uso los servicios públicos diseñados para controlar a enfermos mentales. El tratamiento efectivo se traduce en un gasto público menor.

Debido al tratamiento efectivo y la recuperación sostenida, soy capaz de mantener un trabajo que me gusta. Mi trabajo medio tiempo me da dirección y propósito. Además, el pequeño ingreso que genero me hace sentir bien, y no tiene efectos secundarios perjudiciales. Mi modesto ingreso también ayuda a la economía local puesto que lo gasto sabiamente y hasta puedo ahorrar. Yo experimento sentimientos de bienestar y necesito menos medicamentos. Como resultado, no soy una carga financiera ni para mi familia ni para la sociedad.

En mi trabajo, estoy en la posición de asistir a otros más necesitados. No sólo enseño a mis estudiantes a desarrollar habilidades de escritura a nivel de post-secundaria, también ayudo a encontrar un refugio para el estudiante que está desamparado, o tratamiento para el estudiante que muestra síntomas de adicción. De la misma manera, mi modesto ingreso me permite hacer pequeñas donaciones a una escuela para que algunos de sus estudiantes necesitados puedan asistir a eventos especiales o a viajes que no hubieran podido pagarse de otra manera. Sus notas mejoran significativamente.

Mi ejemplo personal demuestra que la inversión en tratamiento de Salud Mental y Abuso de Drogas beneficia a la comunidad en general. Como individuo que recibe tratamiento de salud mental de calidad, vivo una vida más saludable, necesito menos medicamentos, y no ocupo los costosos servicios de las agencias de orden público. La resultante recuperación sostenida me permite trabajar y beneficiar a mi comunidad en general.

HB 2384 / Proyecto de Ley 2384

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Spanish version follows

In an effort to reduce Medicaid costs, Oklahoma Senator Brian Crain has written House Bill 2384, which passed on the floor on Feb 13, 2014, and will be effective on November this year. The bill requires authorization for all controlled substances except for individuals with diagnosis of ADD/ADHD, and with diagnosis of Autism Spectrum Disorder. Additionally, it requires prior authorization for all non-generic pharmaceuticals for Medicaid eligible individuals. The bill will also decrease to five a month the number of prescriptions for individuals over the age of 18. Similarly, it sets a reimbursement limit to six emergency room visits per calendar year.
Our legislators seem to overlook tragic implications of a law aimed at reducing costs where mental health is at risk. When the bill comes into effect next November, it will likely interfere with doctor/patient relationships, because it will put medication control, and not the patient’s emotional wellbeing, at the center of the psychotherapy process. It could also increase childhood diagnosis of ADD/ADHD and Autism to justify treating certain symptoms with specific medication. Moreover, patients must fail at using one generic medication before being prescribed a non-generic.
Perhaps the most disconcerting segment of the bill is the reimbursement limitations, which could result in loss of lives. Oklahomans with a mental condition tend to die 20 years younger than their mentally healthy neighbors. This is in part due to the fact that most deal with both mental and physical conditions. Multiple medications may be necessary to save lives. With a limiting amount of five, the bill will put the mental health patient in the terrible position of choosing which condition to treat. This is a tragedy.
Rather than limiting the patient/doctor relationship to medicine control in order to reduce Medicaid costs, legislators should meet with mental health providers and patients to discuss ideas, and later use their political power to create effective mental health programs aimed at prevention, treatment and wellbeing. Such programs would teach patients to monitor and tolerate their own symptoms, so that lower doses of medication can be used. This would likely reduce the need for medications to control side effects as well. These programs should also help develop coping skills, which may have positive effects reducing the need to use certain medications.
House Bill 2384 will likely make our problems greater, instead of investing on treatment and wellbeing. It will alter the patient/doctor relationship and will force patients to choose which conditions to treat. When the focus of public health laws centers on medication, we empower an already out of control industry with detrimental influence in the population and the way we take care of our bodies and minds. Who knows if that is the desired outcome, reduce costs by jeopardizing the lives of Oklahomans with mental conditions?

Español
En un esfuerzo por reducir los costos de Medicaid, el Senador de Oklahoma Brian Crain escribió el Proyecto de Ley 2384, el cual fue aprobado en la Casa de Representantes el 13 de febrero de 2014, y se hará efectivo en noviembre de este año. El Proyecto de Ley requiere autorización para todas las sustancias controladas excepto para individuos con diagnósticos Déficit de Atención e Hiperactividad (ADD/ADHD), y con diagnóstico de Desórdenes de bajo el espectro de Autismo. Además, requiere autorización previa para todos los fármacos no genéricos para individuos elegibles para Medicaid. El Proyecto de Ley también reducirá a cinco por mes el número de récipes para individuos mayores de 18 años. De manera similar, plantea un límite de seis por año para el reembolso de visitas a la sala de emergencia.
Nuestros legisladores parecen ignorar las implicaciones trágicas de una ley dirigida a reducir costos donde lo que está en riesgo es la salud mental. En noviembre, cuando la ley se haga efectiva, ésta de seguro interferirá en la relación paciente/doctor, porque colocará el control de los medicamentos, y no el bienestar del paciente, en el centro del proceso psicoterapéutico. Probablemente también incrementará el diagnóstico de ADD/ADHD y de autismo para justificar el tratamiento de ciertos síntomas con medicamentos específicos. Más aún, los pacientes deberán fallar en el uso de medicamentos genéricos antes de recibir un récipe de un medicamento no genérico.
Quizás el segmento más desconcertante de esta legislación es las limitaciones de reembolso, las cuales podrían resultar en la pérdida de vidas. Las expectativas de vida para los Oklahomeños con enfermedades mentales son de veinte años menos que sus contrapartes mentalmente sanos. Esto se debe en parte a que la mayoría enfrenta condiciones mentales y físicas al mismo tiempo. Los medicamentos múltiples son necesarios para salvar vidas. Con una cantidad límite de cinco medicamentos mensuales, esta ley pondrá al paciente en la difícil situación de escoger cuál enfermedad tratar. Esto es una tragedia.
En vez de limitar la relación paciente/doctor al control de medicamentos para reducir costos en Medicaid, los legisladores deberían reunirse con profesionales de salud mental y con pacientes, y discutir ideas, para luego usar su poder político en la creación de programas de salud mental orientados a la prevención, tratamiento y bienestar del paciente. Tales programas enseñarían al paciente a monitorear y tolerar sus síntomas, de manera que se pueda usar una menor dosis. Estos programas también deberían ayudar a desarrollar habilidades para enfrentar situaciones difíciles, lo que podría tener efectos positivos reduciendo la necesidad de usar ciertos medicamentos.
El Proyecto de Ley 2384 probablemente aumentará nuestros problemas, en vez de invertir en tratamiento y bienestar del paciente. Alterará la relación paciente/doctor y forzará a los pacientes a escoger cuál condición deberá tratar. Cuando el enfoque de las leyes de salud pública se centra en fármacos, le damos poder a una industria que ya se encuentra fuera de control y que tiene una influencia perjudicial en la población y en la manera como cuidamos de nuestra mente y cuerpos. ¿Quién sabe si ese es el resultado deseado, reducir costo poniendo en riesgo las vidas de los Oklahomeños con condiciones mentales?